viernes, 30 de marzo de 2012

Noches alegres, mañanas tristes.




Me despierto por el frío que siento en mi cuerpo y el agua que pide mi garganta. Desde la habitación del piso de arriba, puedo notar el olor a café. Seguramente mi abuelo se habrá levantado para desayunar e irse a la huerta de inmediato. No recuerdo nada de la noche anterior, se que me he acostado tarde, de madrugada tal vez, cuando el sol enseña los primeros tímidos rayos de sol.
Me dispongo a bajar a la cocina, pero un leve mareo hace que tarde más de lo debido. Ahí está, la culpable de que mi dolor de cabeza aumente, es la maldita cafetera silbando. Mi abuelo ha dejado la cafetera encendida para tomar el desayuno caliente, qué majo.
Coger un baso para beber agua se me hace eterno, parece un recorrido militar lleno de obstáculos; El perro, las escaleras, la puerta cerrada con llave... Por la luz que entra en el salón, y el silencio de mi casa, deben de ser las diez de la mañana. Escucho un ruido raro en la terraza y me dispongo a salir, todavía sin beber el baso de agua. No me lo puedo creer, ¡están matando a un cerdo en la casa de al lado! Está claro que estoy de vacaciones en el pueblo y hoy es Navidad.
Finalmente, y sin más sonidos ni obstáculos, vuelvo a la cocina y bebo más agua que en toda mi vida. Seguidamente necesito ir al baño, ya que el líquido retenido de anoche, y el de ahora, no podrá aguantar mucho más en mi vejiga. Este largo viaje por mi casa ha hecho que me entren ganas de volver a acostarme. Buenos días resaca.

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