
Mañana soleada, el aire fresco roza mi cara cuando salgo a la ventana. Es uno de esos momentos en los que miras a otros edificios, para asegurarte de que nadie ve tus pelos y tu cara mañanera. El viento no me hace daño, es libre, suave, y por un momento me traslado al mar, como si mis pies se mojaran por las olas que mueren a la orilla de la playa. Pero estoy en mi casa, y lo único que notan mis pies, son las zapatillas de pelo de invierno. Creo que va siendo hora de cambiarlas por unas más veraniegas.
Un pequeño gorrión se apoya en el balcón de enfrente. Parece hambriento, o quizás esté buscando a alguien, tal vez a su madre, o a su hijo. Creo que por las mañanas es cuando más observadores estamos, ya que parezco una aficionada viendo el comportamiento de un simple pájaro. Todo parece más ruidoso, cuando tienes una cocina prácticamente silenciosa, y esque las agujas del reloj parecen una canción de las que pone mi vecino de arriba. Yo me entiendo, creo que está enfermo, o sordo al menos.
Dejo el pajarillo en su búsqueda, y me vuelvo a la cama. Son las nueve y media y tengo mucho que hacer hoy, estudiar. Voy a ponerme a leer "Perdona si te llamo amor" y después escribiré en mi nuevo blog. Pero tengo un problema; sin darme cuenta acabo de escribir en él. Buenos días.
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