jueves, 29 de marzo de 2012

La gran frase


Se había citado con los ojos más envidiados del colegio, con él, el chico que llevaba ese abrigo estrafalario, sin importarle los comentarios de los demás. Era honesto, verdadero y nada infiel. Pero se la jugaron, y lo pasó mal. A leguas se veía ese feeling con la chica del colegio, alguien extrovertida, de los calcetines naranjas y fosforitos.Claro que pegaban, mucha gente lo comentaba cuando los veían saludarse por la ventana o por el pasillo. Todo era un mundo de miradas y sonrisas, solo bastaba con ver esos pequeños hierros en su boca, para delatar la pequeña sonrisa que se creaba en ambos rostros.
Ella dudaba, muchisímo, no estaba segura de quedar con él porque aunque fuera alguien nuevo en su vida, la infidelidad de su exnovia la dejaba aterrada. ¿Y si no la ha olvidado?¿ y si queda conmigo como segundo plato?
Entró una tercera persona, una amiga que tenían en común, Florentina. Aquella muchacha de largísimas rastas, convenció a la dudosa chica para ver aquellos ojos desde cerca.
-Ya pensaba que me habías dejado sola- fue lo primero que se dijeron, ya que se encontraron antes de la hora prevista. Había nervios, pero el simple hecho de tenerle allí cerca, en un banco, era como ver un arbol de navidad en las trincheras de la primera gerra mundial.
Día a día la atracción aumentaba, pero un día, la exnovia se metió entre ellos.El muchacho, dudaba en volver a hablar a la que le había convertido en un cornudo. “ Chula, solo hablaré con ella y quedaremos como amigos, necesitaría mucho tiempo para perdonarla, pero estoy empezando a pensar que debería arreglar las cosas con ella.” Esas palabras leídas en la pantalla, fueron un estacazo al corazón de Gisella. Los días siguientes todo parecía del color negro, en los pasillos, ni se miraban a la cara, y esos ojos azules, no los volvió a ver; Una tarde le rompió la vida con un pequeño texto, en el cual decía, que no había olvidado realmente a su chica Jara, y el mundo tan grande como la vida misma, se le cayó dolorosamente a los pies.
A Gisella nunca se le olvidará una frase recitada por su abuelo; Busca tu felicidad sin lastimar a nadie.
Ella lo llevaba a cabo, pero estaba claro que aquel muchacho no.


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