miércoles, 19 de diciembre de 2012

No lo busco, y lo encuentro.


Lo encontré. Sin buscar absolutamente nada, ni esperar a encontrarlo. Llegó de repente, sin preguntar, de la nada. Lo encontré cuando tenía unos doce años, y pasaba mis tardes en aquel local... sólo pensaba hacer nuevas amistades, pero conseguí algo más. Fue un regalo maravilloso que todavía tengo, y pretendo guardarlo para mucho tiempo. Este regalo ha marcado y marcará siempre mi vida, con un antes y un después. No es digamos grande, pues no llega a los dos metros, y si lo tocas, sentirás su tacto suave y lleno de pequeñas manchitas. No hablo de un dálmata, ni de un pony.

A medida que pasaba el tiempo, me di cuenta de que quería conseguir ese regalo, sin importarme las demás personas, ni el daño que pudiera hacerles. Puse todas mis ganas en conseguirlo, pero cuando pensaba tenerlo, desapareció. Perdí ese regalo que empezaba a gustarme más que nunca.

Definitivamente afirmo, que ahora sí, tengo ese regalo conmigo, y me encanta. Al despertarme pienso en mi regalo, al mediodía también, y siempre deseo que llegue la tarde para disfrutar plenamente de él. Juego con él, me río, me prepara la merienda,o incluso lo beso. En efecto, os hablo de mi novio, una de las personas más importantes en mi vida. No pensaba que a estas alturas seguiría teniendo contacto con él, pero el destino nos dijo que los días estaban hechos para pasarlos juntos, y nuestros huecos de los dedos, para llenarlos con la mano del otro. Él ha cambiado algo importante en mi, y por eso es de admirar toda su paciencia conmigo. No tengo palabras para expresar lo que siento, pues cada día noto más mariposas en el estómago que el día anterior. Me quedo mirando al teclado cuando escribo esto, pues no sé qué escribir para expresarme. Es difícil entenderme pues, si no sientes estar igual que yo, enamorada de mi rey.

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